¿Y si las cabinas telefónicas londinenses no fueran rojas sino verdes? ¿Y si los taxis neoyorkinos fueran azules en vez de amarillos? ¿Y si las teclas de un piano fueran amarillas fosforitas y rosas y no blancas y negras? Diríais que es una locura pero, ¿y lo divertido que sería el mundo entonces? Sería bonito mirar nubes en un cielo rosa o hacer corazones con las hojas de un árbol plateadas.
Es tiempo de cambiar.